UN CORAZÓN ALEGRE
ES LA MEJOR MEDICINA;
UN ÁNIMO TRISTE DEPRIME
A TODO EL CUERPO.
PROVERBIOS 17:22 (RVC)

Ayer aprendimos a presentar delante de Dios cada emoción,
especialmente aquellas difíciles que nos desbordan como enojo, ira,
miedo, ansiedad, tristeza. Llevarlas al lugar correcto nos permite recibir
de Dios el socorro oportuno.
Si hablamos por ejemplo del enojo, una de las emociones más
complejas de gestionar y de expresar de manera adecuada, muchas
personas creen erróneamente que el enojarse constituye un pecado.
Sin embargo, Dios nos dice en su Palabra que si nos enojamos, no
pequemos. Nos advierte que no debemos dejar que el enojo
permanezca mucho tiempo en nosotros. Además, nos invita a cuidar
nuestro corazón, lo que implica sanarlo de heridas pasadas que nos
hacen más propensos a estar constantemente enojados. La sanidad
viene de Él.
Es importante expresar nuestras emociones, cualesquiera que sean,
sin que nuestra conducta lastime a los demás. El guardar las
emociones, sin llegar a expresarlas correctamente, puede traer
enfermedades del alma y del cuerpo.
Como dice su Palabra:

“El buen ánimo constituye un buen remedio,
pero el espíritu triste seca los huesos” y
“mientras callé, se envejecieron mis huesos”.

Callar y ocultar nuestras emociones traerá problemas a nuestra salud.
Lo que no hablamos con la boca, lo hablará nuestro cuerpo.
Dios es sabio y nos diseñó con emociones. Él desea que aprendamos a
expresarlas, primero delante de Él, sabiendo que no nos va a rechazar y
luego con las personas con quienes nos relacionamos, hablando en
amor que es el vínculo perfecto.
Es importante recordar que las emociones no deben dominarnos. Por
el contrario, debemos entregar el control de todas ellas al Espíritu
Santo.

Dios nos dará un fruto apacible para manifestarlas en amor a quienes
nos rodean. Por ejemplo, una vez que entrego a Dios el enojo que estoy
sintiendo hacia alguien, luego puedo hablar con esa persona (ya no
gritarle) y explicarle lo que siento (puedo reconocer mi emoción),
expresando qué causó ese enojo. Así, cumpliremos el mandato del
Señor: “enójense, pero no pequen”. Podremos ser amables unos con
otros.
Y si en algún momento hemos pecado contra nuestro prójimo en la
expresión errónea de alguna emoción, lastimando con palabras y/o
actitudes, debo pedir perdón a Dios y a quien ofendí, para mantener
una relación armoniosa, como el Señor ordena.

PARA LA MEDITACIÓN:
Ahora es tiempo de reflexionar: ¿has estado expresando correctamente
tus emociones a las personas cercanas a ti? ¿Tiendes a guardar
emociones que luego se manifiestan en tu salud?

Hoy te invito a que, en oración, pidas a Dios que te ayude a expresar tus
emociones negativas adecuadamente, en amor y bajo el dominio del
Espíritu Santo .